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Luz oculta, emoción revelada: el arte transformador

En el mundo del arte contemporáneo, hay voces que no sólo expresan, sino que despiertan. Voces que, a través de sus obras, invitan a ver más allá de lo evidente, a tocar lo intangible, a sentir lo no dicho. Akslid Winkelmann, artista visual con una mirada vanguardista, es una de esas creadoras. Su trabajo con luz negra (UV) es más que una técnica: es un lenguaje que desdobla realidades, abre puertas interiores y convierte la contemplación en experiencia.

 

 

Arte que vive en dos dimensiones: la luz visible y la luz interior

Las obras de Winkelmann poseen una estética poderosa desde el primer encuentro. Formas libres, colores que vibran, gestos que rozan lo instintivo. Pero esa primera impresión es apenas una parte de la historia. Bajo condiciones específicas de iluminación —particularmente con luz UV— las piezas se transforman. Surgen elementos ocultos, mensajes cifrados en pigmentos que solo responden a una frecuencia distinta.

Esa segunda capa no es un truco óptico: es una capa emocional y simbólica, una narrativa paralela que invita al espectador a profundizar, a cuestionar su percepción y a conectar con su propia subjetividad. Cada pintura es una puerta abierta hacia lo íntimo, lo no resuelto, lo que normalmente permanece en la sombra.

Un proceso artístico que fluye entre el consciente y el subconsciente

Akslid no concibe el arte como una forma de control, sino como un proceso fluido y profundamente intuitivo. Su método creativo se basa en el diálogo con sus emociones, en la apertura a lo inesperado. Las capas que construye no sólo son visuales, sino psicológicas. Cada trazo refleja una vivencia, una intuición, una sensación que fue dejando huella.

La elección de la luz UV como medio no es fortuita. Para la artista, esta luz revela lo que normalmente está oculto, tanto en el lienzo como en el espectador. Es una metáfora poderosa del inconsciente, de lo que sólo aparece cuando se dan las condiciones adecuadas para ser visto. Así, el arte se convierte en espejo y en catalizador.

¿Por qué elegir una obra de Akslid Winkelmann?

Tener una pieza de Akslid en tu hogar, estudio o espacio expositivo es abrir un portal a una experiencia sensorial única. No se trata sólo de decoración o impacto visual. Se trata de convivir con una obra que evoluciona con la luz y con el estado emocional del observador, que propone preguntas en lugar de respuestas cerradas.

Cada obra está realizada con materiales de alta calidad, seleccionados cuidadosamente para asegurar la durabilidad de los pigmentos reactivos y la riqueza de las capas visibles y ocultas. Son obras que resisten el tiempo, pero que también se reinventan cada vez que se activan bajo la luz negra, creando una dinámica viva entre la obra y el entorno.

Winkelmann no crea para ser admirada a distancia, sino para ser descubierta con atención, con lentitud, con coraje. Su arte no es un objeto pasivo, sino una experiencia activa. Es perfecto para quienes buscan piezas contemporáneas con profundidad, misterio y un alto nivel de innovación técnica y emocional.

Luz que revela. Arte que transforma.

En un mundo saturado de imágenes instantáneas, el trabajo de Akslid Winkelmann propone otra temporalidad: la de la introspección, la del misterio, la de lo que sólo se revela cuando dejamos de mirar rápido y empezamos a observar de verdad.

Explorar una de sus obras es, también, una forma de explorarse a una misma. Y quizás, en ese reflejo oculto por la luz del día, encontremos algo que no sabíamos que estábamos buscando.

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